Ed Warren’s declining health (real-life Ed had heart issues) is amplified into a narrative device. Lorraine risks his life to break the curse, mirroring the theme that love—not holy water—is the ultimate weapon against evil. The film argues that possession is not just a spiritual disease but a relational one.

El Conjuro 3 se diferencia de sus predecesoras porque el mal ya no está en la pared o en un armario; está dentro del protagonista. No hay un lugar al que huir. La saga El Conjuro construyó su éxito en la premisa de que "está basada en hechos reales", y este caso es el más polémico de todos.

Mientras que Annabelle es aterradora pero fantasiosa, el caso de Arne Johnson sucedió en una calle suburbana, con testigos, jueces y policías reales. El hecho de que él dijera abiertamente, con sangre en sus manos, que "el diablo me obligó a hacerlo" nos confronta con una pregunta incómoda: ¿Cuánto control tenemos realmente sobre nuestras acciones?

Para entender la frase "El diablo me obligó a hacerlo", debemos viajar a la noche del 16 de febrero de 1981, en Brookfield, Connecticut. Arne Cheyenne Johnson, un joven de 19 años, apuñaló brutalmente a su casero, Alan Bono, de 40 años, durante una fiesta. Johnson usó una navaja de caza de 5 pulgadas, infiriendo múltiples heridas mortales.

Lo que convirtió este caso en un fenómeno mediático no fue el crimen en sí, sino la defensa que planeaba utilizar su abogado. Inspirados por los demonólogos Lorraine y Ed Warren (los mismos de los casos de Amityville y la muñeca Annabelle), los defensores argumentaron que Arne Johnson no era responsable penalmente de sus actos porque, en el momento del asesinato, estaba poseído por un demonio.

Durante las entrevistas y el juicio, Johnson afirmaba tener lagunas mentales y haber visto a demonios con ojos rojos instándolo a matar. La prensa amarilla apodó el evento como "El juicio del diablo" y la frase "El diablo me obligó a hacerlo" se volvió viral (en términos de la década de los 80).

Translate
Översätt